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2008-04-02 22:47:29
anonimo
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Corrijo al de arriba y me reafirmo.Los republicanos son tigres son solo 4 gatos ridiculos y fracasaos y podeis seguir haciendo ruido que nadie que sea sensato os escucha.No teneis mas que ver como os va en las elecciones que nadie os vota.Por cierto,si mi pais va bien me la trae floja que sea Franco,Stalin o Hitler quien pusiera al Rey que mas estabilidad politica ha dado a España.No como la puta republica esa que era una olla hirviendo desde que empezo.
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2008-04-02 23:41:04
anonimo
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Pretendo señalar que ninguno de los activos ciudadanos actuales tenemos la menor responsabilidad sobre aquella guerra civil, por lo que ni tenemos que ser perdonados, ni pedir perdón, ni recibirlo por unos hechos que no nos conciernen.
Que nadie se sienta aludido, por lo tanto, por mucho que algunos quieran hacernos creer responsables y lo hagan a base de desenterrar rencores, odios y venganzas que no nos corresponden, que nadie se deje arrastrar por los que quieren atacar el futuro, usando el presente a base de revivir la historia en forma de “Pecado Original”. Que la cordura y el sentido común esté por encima de los que pretenden arrastrarnos en la máquina del tiempo a nuestra “pre-historia”. Vaya mi más absoluto rechazo hacia ésos…, que son, precisamente, los que ahora incineran a los muertos y reparten sus cenizas, deshaciéndose de ellas, al tiempo que buscan conservar, “profanar”, los huesos de sus antepasados para lanzarlos como puyas contra sus adversarios políticos, contra el supuesto bando contrario.
En resumen, hubo un bando y otro, en la guerra, que nada tienen que ver con las personas activas en la actualidad, por lo que en el presente solo nos interesa conocer nuestro pasado histórico para labrar un futuro mejor.

EL SINO DE LA REPUBLICA



Por J. García Pradas


Nuestro antiguo embajador en Berlín y París agregó, con frases de duermevela: “El Tratado de 1926, por diez años, entre Mussolini y Primo de Rivera no tiene consecuencias; pero no deja de ser curiosa la coincidencia entre la fecha en que expira ese convenio, a fines de 1936, y la decisión de Italia, de intervenir en la insurrección militar de España. ¿Se hubiera podido evitar esa intervención si la República española no hubiera dejado caer en el olvido o el desdén ese Tratado?”. La pregunta debió de ser dirigida a los republicanos que pactaron con Francia por medio de Herriot, quien en su pipa se fumó bastante más que el Tratado de Roma...

Aunque Araquistáin diga que aquel Tratado no tuvo consecuencias, yo he oído hablar de ellas, cada vez más claramente, desde agosto de 1932; y el constante runrún empezó indicando que el Tratado le costó la Corona a Alfonso XIII. Dada la situación en que se hallaban il Duce e il Re, no gustó a algunos españoles que el Rey y el Dictador, pareciendo admirarla, hicieran creer que la adoptaban para ellos mismos; dado el aire aventurero y demagógico que el fascismo tenía por entonces, otros españoles, muchos más, temieron que se imitase en España, donde, encima de no satisfacer a las prosaicas y rutinarias fuerzas vivas, inquietaría al Ejército, creando también el riesgo de soliviantar al proletariado, que, ingresando en los fasci de combate u oponiéndose a ellos, excedería los límites que tuvo la lucha entre el Sindicato Unico, de la C. N. T., y el Sindicato Libre, de la Patronal o del Estado; y, dada la situación internacional, dentro y fuera de España disgustó a gente muy poderosa que las Baleares pudieran estar a disposición del armarruidos italiano, quien, sobre ser retador frente a Francia e Inglaterra, dos años antes había enviado al Kremlin el primer embajador occidental que recibieron los bolcheviques, como tres años después ¡y era de esperar! mandó a los puertos rusos del Mar Negro una escuadrilla de hidroplanos, con Italo Balbo al frente... Hasta la Iglesia, por enterada y satisfecha que estuviera del Tratado o Concordato de Letrán, tenía en entredicho a Mussolini, cuyos escritos de ateo circulaban todavía por España.

El Reino Unido, teniendo tantos hierros en la fragua de su política exterior, no se alarmó ante el Tratado dirigido contra él, pero, a la chita callando, sin apuros, meditó con qué presiones u ofertas podría desvirtuarlo y cómo hacer ver en Madrid que quien se la hace, se la paga... Poco tuvo que esperar para darle una lección a Alfonso XIII. Tan mal fueron las cosas en Marruecos, tan al rojo se iban poniendo en España, tal riesgo había de que la cuestión social y la cuestión colonial formasen conjuntamente una cuestión nacional capaz de hundir la Monarquía, que el Rey pasó de la Dictadura de Primo de Rivera a la Dictablanda como fue llamada de Berenguer. Más que por su propio juicio, lo hizo por consejo ajeno, acaso poco leal. En cualquier caso, lo hizo creyendo que así resolvería la crisis, pondría a salvo la fortaleza; pero, en verdad, al rendir aquel baluarte puso en riesgo la ciudadela y hasta la torre del homenaje.

Una vez despachado el Dictador, ¿cómo y con quién se podría gobernar? La Dictablanda fue un fiasco entre la Dictadura, que abandonaba, y la Constitución, que rehuía. Los militares, en general, estaban dolidos, no sólo del volapié dado a Primo de Rivera, sino también del dicho atribuido al Rey sobre el costoso rescate del general Silvestre y otros prisioneros de guerra; dicho que, por ingenioso, más que por justo, no se dejaba de repetir. Los antiguos políticos monárquicos, cuyo turnante retén pasó por ser lo más constitucional, habían sido desprestigiados por su propia actuación y, más aún, por la propaganda oficial de la Dictadura; así es que don Dámaso Berenguer apenas supo con quién formar Gabinete, y el genial dibujante Bagaría lanzó una caricatura en la que “El nuevo Gobierno” quedaba representado por cuatro sables y cuatro vainas...

Según don Gonzalo de Reparaz, que tantas cosas me enseñó con chistes, Lerroux, el Emperador del Paralelo, el Rey de los Republicanos Históricos, era un señor que fabricaba revoluciones en Barcelona para venderlas en Madrid... Fácil le habría sido entonces urdir una, pero difícil hallar un Gobierno a quien vendérsela, por si aun comprada venía a ser demasiado peligrosa para él. Hasta Sánchez Guerra, el más respetable político monárquico subsistente, desde el teatro de la Zarzuela acusó al Rey de haber implantado la Dictadura, aseguró que jamás volvería a gobernar con tal monarca. Su discurso, que inflamó el entusiasmo republicano, dio lugar a que el republicanismo, en vez de mostrarse más radical, se mostrase más frondoso; y, ofreciendo cobijo a los monárquicos desavenidos con el Rey, se hizo más peligroso para éste al declararse meramente “antidinástico”. A imitación de don Miguel de Unamuno, que tan bien supo dramatizar su deportación a Fuerteventura, todos los buenos escribientes se proclamaron “enemigos personales de Alfonso XIII”. Hasta libreas y uniformes tendieron a distinguir entre el régimen y el Rey, que, cada vez más aislado, sin explicarse por qué, sólo contaba con la bendición del Nuncio...

Poco después de alzar la voz Sánchez Guerra, en diciembre del 30, vino el alzamiento militar de Jaca, que ya no fue antidinástico ni antimonárquico a lo sumo, sino republicano por lo menos, pues su dirigente, Fermín Galán, iba muy lejos en política; y, apenas sofocado, se cometió el desatino de fusilarle, con el teniente García Hernández, un domingo, de manera que este escándalo les dio una victoria póstuma. Tal reacción produjo aquello, que el Rey, espantado, recurrió al mismo Sánchez Guerra, para que formase un Gobierno constitucional y parlamentario. ¡Tarde piache! Tan avanzado estaba el proceso ,de responsabilidades… y maniobras políticas, que don José, si aceptó el encargo, fue para ir de Palacio, donde nada le parecía ejemplar, a la Cárcel Modelo, con el asombroso fin de allí pedir la autorización del Comité Revolucionario para sacar del atasco al Rey.

Naturalmente, el Comité Revolucionario, que en verdad era el Comité Reaccionario destinado a dirigir la futura República, no se la dio. Su presidente, Alcalá Zamora había sido secretario casi perpetuo de Romanones, quien, sin duda, le confió algún secreto... Parece ser que el ladino conde, a quien era muy adicto Berenguer, que a su vez contaba con el apego de Sanjurjo, dirigía la conjura sin sospecharlo, en su mayor parte, los conjurados, quienes así cayeron en la ilusión de hacer milagros por cuenta propia. Y que en ella estaba March, con su importancia en las Baleares, la gratitud de la Gran Bretaña por los servicios que desde allí y el Norte de Africa le prestó durante la Guerra Europea, su influencia de financiero en la City, el mal recuerdo de que la Dictadura le hizo huir de España en hábito talar por la Seo de Urgel, como también hizo escapar a su fiel amigo don Santiago Alba, y el prurito de que, aunque al fin le fue bien con el Dictador, hasta en los amenes de la Monarquía tuvo que hacer frente a la Compañía Arrendataria de Tabacos, dirigida contra él por un socio de Cambó... Ni este jefe de la Lliga Catalana, que tanto contribuyó a establecer la Dictadura, era ajeno al nuevo enredo; por lo cual diría poco después: “¿Monarquía? ¿República? ¡España!”. Sí, señor; ¡España! Nada más patriótico que L’Etat, c’est Moi!

Romanones, que había aconsejado a Berenguer proponer al Rey unas elecciones parlamentarias para hacerle caer en la Constitución o fuera de ella, suscitó la contrapropuesta real de unas elecciones municipales, y don Dámaso, al no aceptarla, tuvo que dimitir, perdiendo así otro bastión la fortaleza alfonsina. Romanones, que era ministro de Estado, pero también el Colocolo del caciquismo, hizo consultas y cálculos, hasta ver que, sobre ser conveniente aún, era ya posible dar el golpe final; en connivencia con los antidinásticos, tan buen resultado sacaría de las elecciones municipales como de las parlamentarias. Procuró, pues, que el Rey encargase de formar Gobierno al Almirante Aznar, y que el nuevo Presidente del Consejo se apresurase a aceptar la contrapropuesta real. El 12 de abril del 31 llegaron las elecciones, y el buen conde vio triunfar las candidaturas antidinásticas, no ya sólo en las ciudades y regiones industriales, sino también en sus burgos ¿o hay que decir tolderías? de la obediente Guadalajara.

Al día siguiente, ¡el 13!, fue Aznar a Palacio, para decirle a Su Majestad lo que acababa de ocurrir; y, así que al bajar del coche le rodearon los periodistas, tuvo, ingenua o cucamente, la gracia de interpretarlo como menos podía gustarle al Rey: diciendo que la nación se echó a dormir siendo monárquica, pero era republicana al despertar. El 14, proclamada la República en Eibar y Barcelona, llenas de abrazos las calles, Romanones invitó a su ex secretario, don Niceto, a una entrevista en casa del doctor Marañón, para hacerle la transmisión de poderes. Con Berenguer respondiendo de la neutralidad del Ejército, desde el Ministerio de la Guerra, y su amigo Sanjurjo de la Guardia Civil, Romanones fue a Palacio con dos cuentos: uno, de miedo, y otro, de esperanza.

El de miedo, concerniente a los riesgos personales que el Rey podía correr... si él no corría mejor, le hizo acceder a la suspensión de sus funciones soberanas, no a la abdicación que se le propuso, y es de suponer que para todos fue satisfactorio a medias. El de esperanza, que en realidad concernía al régimen, más que al Rey, se inspiró en la historia de la primera República española, consistiendo en esto: tan poca evolución había habido en España, que iba a venir la revolución; tan poco constitucional había sido la Monarquía, que se anhelaba una segunda República, y, a fuerza de esperarla, se le pedía a la misma revolución; enfrentarse con ésta o con aquélla equivaldría a enfrentarse con las dos, y perder la Monarquía en la Contienda; pero dar paso a la República, una república de orden, con más fuerzas que la misma Monarquía, para que ella se enfrentase después con la revolución, hasta barrerla y desprestigiarse, sería muy conveniente...; lo sería, aunque no se desprestigiase, por el mero hecho de aniquilar la revolución, pero más si se desprestigiara, por permitir restaurar la Monarquía...

Diz que, al salir Romanones de la Cámara Real, comunicó a algunas damas la suspensión de funciones regias, y una de ellas le dio la de Calomarde... Sin, siquiera repetir que manos blancas no ofenden, se fue el cojitranco para el ascensor, que alguna vez ha de ser el descensor. Pero el Rey, de allí a tres horas, partió para Cartagena; y después no le dio por refugiarse en Londres, pese a ser británica su esposa, Ena de Battenberg, sino en Roma, quizá con el pasaporte, algo hipotético ya, que mencionaría madame Tabouis... Romanones se hizo simpático a la gente con la hidalga despedida que dio a la Reina y a sus hijos. Sanjurjo, el León del Rif, se hizo el asombro del orbe por no recurrir a la Guardia Civil, y también por el gesto de llevar la familia real a Hendaya; pero pronto corrió el rumor de que allí, al despedirse de la Reina, le dijo que hasta la vuelta... Y ya sabemos que, año y medio después, se sublevó.

No sé si todo eso es cierto, pero supongo que sí, pues empecé a oírlo como sospecha en Madrid cuando el alzamiento del 10 de agosto. Volví a oírlo en Barcelona cuando los fascistas estaban llegando a la boca del Ebro, y, como entonces, con más experiencia y juicio, lo hallé de excepcional interés, aconsejé a mi informador que expusiera el asunto por escrito; no pudo hacerlo en España, pero este año, desde Francia, me ha enviado unos apuntes sobre el tema, y es de esperar que algún día los dé a luz. (Se trataba de Cánovas Cervantes, que en La Tierra, de Madrid, me dio lecciones de periodismo; y celebro poder decir que el año 47 publicó aquellos apuntes, ampliados, en Toulouse, bajo el título De Franco a Negrín, pasando por el Partido Comunista)

En el peor de los casos, cabe decir que, se non é vero, é ben trovato, y hasta calificarlo de working hypothesis, pues parece entrañar la explicación de muchos hechos y actitudes que sin tal supuesto no se entenderían, por parecernos sin relación entre sí. Las derechas, así monárquicas como republicanas, e incluyendo en ellas todo el lerrouxismo, a la vez que altos rangos de las dos masonerías actuantes en España, lanzaron la República contra todo viso de revolución, incitándola a salvarlas y a perderse; no sólo exageraron el peligro revolucionario, para exigir que se eliminara radicalmente, sino que también, cuando así se procedió, como en el caso de Casas Viejas, de la brutal represión sacaron tema para desprestigiar al régimen represivo, puesto por ellas en el brete de quedar mal sin pegar y acaso peor pegando. Los numerosos monárquicos que se pusieron el gorro frigio en 1931, procuraron hacer en la República una política monárquica, como sus antecesores en 1873, y a ser monárquicos volvieron cuando les pareció que, aun sin dejar de subir la pleamar revolucionaria, ya era hora de restaurar el antiguo régimen, sin acordarse de Alfonso XIII, ni siquiera de sus hijos...

Uno de éstos, el primero viable para fines políticos, se educó en el colegio naval de Darmouth, sin que nadie ,republicano o monárquico, se quejase de eso, como nadie se quejó de que el pacto con Italia no fuese ni letra muerta. El avión en que Franco fue de Canarias a Marruecos para empezar la rebelión, pudo ser italiano o alemán, pero fue inglés, y yo no puedo creer que saliera de Croydon sin que en Whitehall se supiera con qué fin, Pues nunca ha habido reprimenda, ni aun de pega, para el piloto que lo condujo. Ciertamente, bien pudo darse por satisfecha la Gran Bretaña con la caída de Alfonso XIII y la marcha de la República no sólo en el bienio rojo, sino también en el negro, hacia su propia extinción; si no lo estuvo, fue porque a esa República le dio por bailarle el agua a Francia, y porque, visto lo de octubre del 34 en Asturias, que entusiasmó a los mineros de Gales, ni era fácil eliminar la revolución ni parecía posible la restauración monárquica sin arriesgarse a una guerra civil. Pero, una vez que otros se prepararon para ella, la Gran Bretaña de Chamberlain, la del bombero amateur Eden y aun del bull-dog Winston Churchill, que en realidad es la de la City, la de la oligarquía imperante desde el tiempo de los Tudor, tenía que olvidarse de la democracia, como Stalin se olvidó del comunismo, para evitar que triunfase la revolución, que la República le hiciera el juego a Francia, que el país privado de Portugal y de Gibraltar perdiese la ocasión de deshacerse durante años, que Italia y Alemania se aprovechasen de la situación, que los rebeldes vencieran sin tener nada que agradecerle...

Esa fue la causa de la No Intervención, propuesta por Blum, pero a él impuesta por Chamberlain con objeto de poner en la picota a la legalidad republicana frente a la pedrea de los facciosos; para que, aparte el auxilio que Alemania e Italia pudieran prestarle a Franco, éste tuviera su flanco cubierto por Portugal, y aun por la misma Inglaterra, que tendría a su merced tal muelle atlántico de la Península Ibérica, como también las Canarias, mientras quedaban cerrados los Pirineos y expuesta la costa mediterránea. Sí, ciertamente, los italianos podían hacer alarde de ocupar Mallorca, de extenderse a Ibiza; pero Menorca, con su Mahón, llave de todas las Baleares aun en estos tiempos de guerra aérea, no parecía tentarle al Duce... En fin, que la Gran Bretaña entendiendo por ello la oligarquía imperial a cuyos fines se debe, por sus propios procedimientos ,ever so fine and sophisticated!, en pro de la paz internacional ,at somebody else’s cost!, privó de fuerzas al derecho, dio derechos a la fuerza y sirvió a Franco tan bien como Alemania e Italia, si es que no mejor, para evitar que ambas, apoderándose de él, le hicieran la pascua a ella.

Pero la culpa fue nuestra: de los jóvenes, que jugamos con fuego creyendo jugar con luz, y sin haber discutido ideas, sin conocernos siquiera, nos pusimos a dialogar con pistolas; de los viejos, que, sin noción del pasado, no podían tenerla del porvenir, ni aun el presente lograban entender; de las derechas, que armaron la trampa de la República sin darse cuenta de hacerlo contra su propia salvación; de las izquierdas políticas, incapaces de comprender que el nuevo régimen sólo sería viable siendo realmente renovador; de las izquierdas sociales, que ya tomaron la República por la revolución, renunciando a ésta, ya creyeron que la revolución, la radical transformación del país, era tan sólo una revuelta; de los cultos, que, con aire de pijaitos, se apartaron del pueblo, por desdén o por temor, por mera ignorancia de él, y de los incultos, que, esperando un milenario de la noche a la mañana, hicieron pagar a todos la pobreza y la ignorancia en que el descuido más criminal les sumió.

No sé, porque no lo entiendo, si “España es una unidad de destino en lo universal”. Lo que sé es que una nación, la sociedad en que nacemos, la formada por nuestras necesidades, es un conjunto de intereses, un complejo de problemas, una empresa con la exclusiva misión de redimir y salvar a cuantos forman parte de ella. La sociedad española pudo entregarse a esa misión, no sólo en paz, sino también con entusiasmo, al proclamarse la República, que vino con el deber de corregir nuestra historia, de resolver nuestros antiguos problemas, de reformar nuestras estructuras económicosociales, de hacer la revolución por necesidad histórica, por justa exigencia de la nación. De no hacer eso, de impedir neciamente que se hiciera, vino la guerra civil, infinitamente más horrorosa que la revolución temida hasta por los republicanos, y con ella vinieron las ingerencias que tan caras le han costado, le cuestan y han de costarle a esa triste España por redimir.
Un saludo.




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2008-04-02 23:41:05
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Pretendo señalar que ninguno de los activos ciudadanos actuales tenemos la menor responsabilidad sobre aquella guerra civil, por lo que ni tenemos que ser perdonados, ni pedir perdón, ni recibirlo por unos hechos que no nos conciernen.
Que nadie se sienta aludido, por lo tanto, por mucho que algunos quieran hacernos creer responsables y lo hagan a base de desenterrar rencores, odios y venganzas que no nos corresponden, que nadie se deje arrastrar por los que quieren atacar el futuro, usando el presente a base de revivir la historia en forma de “Pecado Original”. Que la cordura y el sentido común esté por encima de los que pretenden arrastrarnos en la máquina del tiempo a nuestra “pre-historia”. Vaya mi más absoluto rechazo hacia ésos…, que son, precisamente, los que ahora incineran a los muertos y reparten sus cenizas, deshaciéndose de ellas, al tiempo que buscan conservar, “profanar”, los huesos de sus antepasados para lanzarlos como puyas contra sus adversarios políticos, contra el supuesto bando contrario.
En resumen, hubo un bando y otro, en la guerra, que nada tienen que ver con las personas activas en la actualidad, por lo que en el presente solo nos interesa conocer nuestro pasado histórico para labrar un futuro mejor.

EL SINO DE LA REPUBLICA



Por J. García Pradas


Nuestro antiguo embajador en Berlín y París agregó, con frases de duermevela: “El Tratado de 1926, por diez años, entre Mussolini y Primo de Rivera no tiene consecuencias; pero no deja de ser curiosa la coincidencia entre la fecha en que expira ese convenio, a fines de 1936, y la decisión de Italia, de intervenir en la insurrección militar de España. ¿Se hubiera podido evitar esa intervención si la República española no hubiera dejado caer en el olvido o el desdén ese Tratado?”. La pregunta debió de ser dirigida a los republicanos que pactaron con Francia por medio de Herriot, quien en su pipa se fumó bastante más que el Tratado de Roma...

Aunque Araquistáin diga que aquel Tratado no tuvo consecuencias, yo he oído hablar de ellas, cada vez más claramente, desde agosto de 1932; y el constante runrún empezó indicando que el Tratado le costó la Corona a Alfonso XIII. Dada la situación en que se hallaban il Duce e il Re, no gustó a algunos españoles que el Rey y el Dictador, pareciendo admirarla, hicieran creer que la adoptaban para ellos mismos; dado el aire aventurero y demagógico que el fascismo tenía por entonces, otros españoles, muchos más, temieron que se imitase en España, donde, encima de no satisfacer a las prosaicas y rutinarias fuerzas vivas, inquietaría al Ejército, creando también el riesgo de soliviantar al proletariado, que, ingresando en los fasci de combate u oponiéndose a ellos, excedería los límites que tuvo la lucha entre el Sindicato Unico, de la C. N. T., y el Sindicato Libre, de la Patronal o del Estado; y, dada la situación internacional, dentro y fuera de España disgustó a gente muy poderosa que las Baleares pudieran estar a disposición del armarruidos italiano, quien, sobre ser retador frente a Francia e Inglaterra, dos años antes había enviado al Kremlin el primer embajador occidental que recibieron los bolcheviques, como tres años después ¡y era de esperar! mandó a los puertos rusos del Mar Negro una escuadrilla de hidroplanos, con Italo Balbo al frente... Hasta la Iglesia, por enterada y satisfecha que estuviera del Tratado o Concordato de Letrán, tenía en entredicho a Mussolini, cuyos escritos de ateo circulaban todavía por España.

El Reino Unido, teniendo tantos hierros en la fragua de su política exterior, no se alarmó ante el Tratado dirigido contra él, pero, a la chita callando, sin apuros, meditó con qué presiones u ofertas podría desvirtuarlo y cómo hacer ver en Madrid que quien se la hace, se la paga... Poco tuvo que esperar para darle una lección a Alfonso XIII. Tan mal fueron las cosas en Marruecos, tan al rojo se iban poniendo en España, tal riesgo había de que la cuestión social y la cuestión colonial formasen conjuntamente una cuestión nacional capaz de hundir la Monarquía, que el Rey pasó de la Dictadura de Primo de Rivera a la Dictablanda como fue llamada de Berenguer. Más que por su propio juicio, lo hizo por consejo ajeno, acaso poco leal. En cualquier caso, lo hizo creyendo que así resolvería la crisis, pondría a salvo la fortaleza; pero, en verdad, al rendir aquel baluarte puso en riesgo la ciudadela y hasta la torre del homenaje.

Una vez despachado el Dictador, ¿cómo y con quién se podría gobernar? La Dictablanda fue un fiasco entre la Dictadura, que abandonaba, y la Constitución, que rehuía. Los militares, en general, estaban dolidos, no sólo del volapié dado a Primo de Rivera, sino también del dicho atribuido al Rey sobre el costoso rescate del general Silvestre y otros prisioneros de guerra; dicho que, por ingenioso, más que por justo, no se dejaba de repetir. Los antiguos políticos monárquicos, cuyo turnante retén pasó por ser lo más constitucional, habían sido desprestigiados por su propia actuación y, más aún, por la propaganda oficial de la Dictadura; así es que don Dámaso Berenguer apenas supo con quién formar Gabinete, y el genial dibujante Bagaría lanzó una caricatura en la que “El nuevo Gobierno” quedaba representado por cuatro sables y cuatro vainas...

Según don Gonzalo de Reparaz, que tantas cosas me enseñó con chistes, Lerroux, el Emperador del Paralelo, el Rey de los Republicanos Históricos, era un señor que fabricaba revoluciones en Barcelona para venderlas en Madrid... Fácil le habría sido entonces urdir una, pero difícil hallar un Gobierno a quien vendérsela, por si aun comprada venía a ser demasiado peligrosa para él. Hasta Sánchez Guerra, el más respetable político monárquico subsistente, desde el teatro de la Zarzuela acusó al Rey de haber implantado la Dictadura, aseguró que jamás volvería a gobernar con tal monarca. Su discurso, que inflamó el entusiasmo republicano, dio lugar a que el republicanismo, en vez de mostrarse más radical, se mostrase más frondoso; y, ofreciendo cobijo a los monárquicos desavenidos con el Rey, se hizo más peligroso para éste al declararse meramente “antidinástico”. A imitación de don Miguel de Unamuno, que tan bien supo dramatizar su deportación a Fuerteventura, todos los buenos escribientes se proclamaron “enemigos personales de Alfonso XIII”. Hasta libreas y uniformes tendieron a distinguir entre el régimen y el Rey, que, cada vez más aislado, sin explicarse por qué, sólo contaba con la bendición del Nuncio...

Poco después de alzar la voz Sánchez Guerra, en diciembre del 30, vino el alzamiento militar de Jaca, que ya no fue antidinástico ni antimonárquico a lo sumo, sino republicano por lo menos, pues su dirigente, Fermín Galán, iba muy lejos en política; y, apenas sofocado, se cometió el desatino de fusilarle, con el teniente García Hernández, un domingo, de manera que este escándalo les dio una victoria póstuma. Tal reacción produjo aquello, que el Rey, espantado, recurrió al mismo Sánchez Guerra, para que formase un Gobierno constitucional y parlamentario. ¡Tarde piache! Tan avanzado estaba el proceso ,de responsabilidades… y maniobras políticas, que don José, si aceptó el encargo, fue para ir de Palacio, donde nada le parecía ejemplar, a la Cárcel Modelo, con el asombroso fin de allí pedir la autorización del Comité Revolucionario para sacar del atasco al Rey.

Naturalmente, el Comité Revolucionario, que en verdad era el Comité Reaccionario destinado a dirigir la futura República, no se la dio. Su presidente, Alcalá Zamora había sido secretario casi perpetuo de Romanones, quien, sin duda, le confió algún secreto... Parece ser que el ladino conde, a quien era muy adicto Berenguer, que a su vez contaba con el apego de Sanjurjo, dirigía la conjura sin sospecharlo, en su mayor parte, los conjurados, quienes así cayeron en la ilusión de hacer milagros por cuenta propia. Y que en ella estaba March, con su importancia en las Baleares, la gratitud de la Gran Bretaña por los servicios que desde allí y el Norte de Africa le prestó durante la Guerra Europea, su influencia de financiero en la City, el mal recuerdo de que la Dictadura le hizo huir de España en hábito talar por la Seo de Urgel, como también hizo escapar a su fiel amigo don Santiago Alba, y el prurito de que, aunque al fin le fue bien con el Dictador, hasta en los amenes de la Monarquía tuvo que hacer frente a la Compañía Arrendataria de Tabacos, dirigida contra él por un socio de Cambó... Ni este jefe de la Lliga Catalana, que tanto contribuyó a establecer la Dictadura, era ajeno al nuevo enredo; por lo cual diría poco después: “¿Monarquía? ¿República? ¡España!”. Sí, señor; ¡España! Nada más patriótico que L’Etat, c’est Moi!

Romanones, que había aconsejado a Berenguer proponer al Rey unas elecciones parlamentarias para hacerle caer en la Constitución o fuera de ella, suscitó la contrapropuesta real de unas elecciones municipales, y don Dámaso, al no aceptarla, tuvo que dimitir, perdiendo así otro bastión la fortaleza alfonsina. Romanones, que era ministro de Estado, pero también el Colocolo del caciquismo, hizo consultas y cálculos, hasta ver que, sobre ser conveniente aún, era ya posible dar el golpe final; en connivencia con los antidinásticos, tan buen resultado sacaría de las elecciones municipales como de las parlamentarias. Procuró, pues, que el Rey encargase de formar Gobierno al Almirante Aznar, y que el nuevo Presidente del Consejo se apresurase a aceptar la contrapropuesta real. El 12 de abril del 31 llegaron las elecciones, y el buen conde vio triunfar las candidaturas antidinásticas, no ya sólo en las ciudades y regiones industriales, sino también en sus burgos ¿o hay que decir tolderías? de la obediente Guadalajara.

Al día siguiente, ¡el 13!, fue Aznar a Palacio, para decirle a Su Majestad lo que acababa de ocurrir; y, así que al bajar del coche le rodearon los periodistas, tuvo, ingenua o cucamente, la gracia de interpretarlo como menos podía gustarle al Rey: diciendo que la nación se echó a dormir siendo monárquica, pero era republicana al despertar. El 14, proclamada la República en Eibar y Barcelona, llenas de abrazos las calles, Romanones invitó a su ex secretario, don Niceto, a una entrevista en casa del doctor Marañón, para hacerle la transmisión de poderes. Con Berenguer respondiendo de la neutralidad del Ejército, desde el Ministerio de la Guerra, y su amigo Sanjurjo de la Guardia Civil, Romanones fue a Palacio con dos cuentos: uno, de miedo, y otro, de esperanza.

El de miedo, concerniente a los riesgos personales que el Rey podía correr... si él no corría mejor, le hizo acceder a la suspensión de sus funciones soberanas, no a la abdicación que se le propuso, y es de suponer que para todos fue satisfactorio a medias. El de esperanza, que en realidad concernía al régimen, más que al Rey, se inspiró en la historia de la primera República española, consistiendo en esto: tan poca evolución había habido en España, que iba a venir la revolución; tan poco constitucional había sido la Monarquía, que se anhelaba una segunda República, y, a fuerza de esperarla, se le pedía a la misma revolución; enfrentarse con ésta o con aquélla equivaldría a enfrentarse con las dos, y perder la Monarquía en la Contienda; pero dar paso a la República, una república de orden, con más fuerzas que la misma Monarquía, para que ella se enfrentase después con la revolución, hasta barrerla y desprestigiarse, sería muy conveniente...; lo sería, aunque no se desprestigiase, por el mero hecho de aniquilar la revolución, pero más si se desprestigiara, por permitir restaurar la Monarquía...

Diz que, al salir Romanones de la Cámara Real, comunicó a algunas damas la suspensión de funciones regias, y una de ellas le dio la de Calomarde... Sin, siquiera repetir que manos blancas no ofenden, se fue el cojitranco para el ascensor, que alguna vez ha de ser el descensor. Pero el Rey, de allí a tres horas, partió para Cartagena; y después no le dio por refugiarse en Londres, pese a ser británica su esposa, Ena de Battenberg, sino en Roma, quizá con el pasaporte, algo hipotético ya, que mencionaría madame Tabouis... Romanones se hizo simpático a la gente con la hidalga despedida que dio a la Reina y a sus hijos. Sanjurjo, el León del Rif, se hizo el asombro del orbe por no recurrir a la Guardia Civil, y también por el gesto de llevar la familia real a Hendaya; pero pronto corrió el rumor de que allí, al despedirse de la Reina, le dijo que hasta la vuelta... Y ya sabemos que, año y medio después, se sublevó.

No sé si todo eso es cierto, pero supongo que sí, pues empecé a oírlo como sospecha en Madrid cuando el alzamiento del 10 de agosto. Volví a oírlo en Barcelona cuando los fascistas estaban llegando a la boca del Ebro, y, como entonces, con más experiencia y juicio, lo hallé de excepcional interés, aconsejé a mi informador que expusiera el asunto por escrito; no pudo hacerlo en España, pero este año, desde Francia, me ha enviado unos apuntes sobre el tema, y es de esperar que algún día los dé a luz. (Se trataba de Cánovas Cervantes, que en La Tierra, de Madrid, me dio lecciones de periodismo; y celebro poder decir que el año 47 publicó aquellos apuntes, ampliados, en Toulouse, bajo el título De Franco a Negrín, pasando por el Partido Comunista)

En el peor de los casos, cabe decir que, se non é vero, é ben trovato, y hasta calificarlo de working hypothesis, pues parece entrañar la explicación de muchos hechos y actitudes que sin tal supuesto no se entenderían, por parecernos sin relación entre sí. Las derechas, así monárquicas como republicanas, e incluyendo en ellas todo el lerrouxismo, a la vez que altos rangos de las dos masonerías actuantes en España, lanzaron la República contra todo viso de revolución, incitándola a salvarlas y a perderse; no sólo exageraron el peligro revolucionario, para exigir que se eliminara radicalmente, sino que también, cuando así se procedió, como en el caso de Casas Viejas, de la brutal represión sacaron tema para desprestigiar al régimen represivo, puesto por ellas en el brete de quedar mal sin pegar y acaso peor pegando. Los numerosos monárquicos que se pusieron el gorro frigio en 1931, procuraron hacer en la República una política monárquica, como sus antecesores en 1873, y a ser monárquicos volvieron cuando les pareció que, aun sin dejar de subir la pleamar revolucionaria, ya era hora de restaurar el antiguo régimen, sin acordarse de Alfonso XIII, ni siquiera de sus hijos...

Uno de éstos, el primero viable para fines políticos, se educó en el colegio naval de Darmouth, sin que nadie ,republicano o monárquico, se quejase de eso, como nadie se quejó de que el pacto con Italia no fuese ni letra muerta. El avión en que Franco fue de Canarias a Marruecos para empezar la rebelión, pudo ser italiano o alemán, pero fue inglés, y yo no puedo creer que saliera de Croydon sin que en Whitehall se supiera con qué fin, Pues nunca ha habido reprimenda, ni aun de pega, para el piloto que lo condujo. Ciertamente, bien pudo darse por satisfecha la Gran Bretaña con la caída de Alfonso XIII y la marcha de la República no sólo en el bienio rojo, sino también en el negro, hacia su propia extinción; si no lo estuvo, fue porque a esa República le dio por bailarle el agua a Francia, y porque, visto lo de octubre del 34 en Asturias, que entusiasmó a los mineros de Gales, ni era fácil eliminar la revolución ni parecía posible la restauración monárquica sin arriesgarse a una guerra civil. Pero, una vez que otros se prepararon para ella, la Gran Bretaña de Chamberlain, la del bombero amateur Eden y aun del bull-dog Winston Churchill, que en realidad es la de la City, la de la oligarquía imperante desde el tiempo de los Tudor, tenía que olvidarse de la democracia, como Stalin se olvidó del comunismo, para evitar que triunfase la revolución, que la República le hiciera el juego a Francia, que el país privado de Portugal y de Gibraltar perdiese la ocasión de deshacerse durante años, que Italia y Alemania se aprovechasen de la situación, que los rebeldes vencieran sin tener nada que agradecerle...

Esa fue la causa de la No Intervención, propuesta por Blum, pero a él impuesta por Chamberlain con objeto de poner en la picota a la legalidad republicana frente a la pedrea de los facciosos; para que, aparte el auxilio que Alemania e Italia pudieran prestarle a Franco, éste tuviera su flanco cubierto por Portugal, y aun por la misma Inglaterra, que tendría a su merced tal muelle atlántico de la Península Ibérica, como también las Canarias, mientras quedaban cerrados los Pirineos y expuesta la costa mediterránea. Sí, ciertamente, los italianos podían hacer alarde de ocupar Mallorca, de extenderse a Ibiza; pero Menorca, con su Mahón, llave de todas las Baleares aun en estos tiempos de guerra aérea, no parecía tentarle al Duce... En fin, que la Gran Bretaña entendiendo por ello la oligarquía imperial a cuyos fines se debe, por sus propios procedimientos ,ever so fine and sophisticated!, en pro de la paz internacional ,at somebody else’s cost!, privó de fuerzas al derecho, dio derechos a la fuerza y sirvió a Franco tan bien como Alemania e Italia, si es que no mejor, para evitar que ambas, apoderándose de él, le hicieran la pascua a ella.

Pero la culpa fue nuestra: de los jóvenes, que jugamos con fuego creyendo jugar con luz, y sin haber discutido ideas, sin conocernos siquiera, nos pusimos a dialogar con pistolas; de los viejos, que, sin noción del pasado, no podían tenerla del porvenir, ni aun el presente lograban entender; de las derechas, que armaron la trampa de la República sin darse cuenta de hacerlo contra su propia salvación; de las izquierdas políticas, incapaces de comprender que el nuevo régimen sólo sería viable siendo realmente renovador; de las izquierdas sociales, que ya tomaron la República por la revolución, renunciando a ésta, ya creyeron que la revolución, la radical transformación del país, era tan sólo una revuelta; de los cultos, que, con aire de pijaitos, se apartaron del pueblo, por desdén o por temor, por mera ignorancia de él, y de los incultos, que, esperando un milenario de la noche a la mañana, hicieron pagar a todos la pobreza y la ignorancia en que el descuido más criminal les sumió.

No sé, porque no lo entiendo, si “España es una unidad de destino en lo universal”. Lo que sé es que una nación, la sociedad en que nacemos, la formada por nuestras necesidades, es un conjunto de intereses, un complejo de problemas, una empresa con la exclusiva misión de redimir y salvar a cuantos forman parte de ella. La sociedad española pudo entregarse a esa misión, no sólo en paz, sino también con entusiasmo, al proclamarse la República, que vino con el deber de corregir nuestra historia, de resolver nuestros antiguos problemas, de reformar nuestras estructuras económicosociales, de hacer la revolución por necesidad histórica, por justa exigencia de la nación. De no hacer eso, de impedir neciamente que se hiciera, vino la guerra civil, infinitamente más horrorosa que la revolución temida hasta por los republicanos, y con ella vinieron las ingerencias que tan caras le han costado, le cuestan y han de costarle a esa triste España por redimir.
Un saludo.




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2008-04-02 23:43:08
anonimo
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A lo mejor a alguien le interesa que se vea por parte de los ciudadanos la olla hirviendo, Republicanos , son aquellos que piensan que su Majestad el Rey , no es la persona adecuada , AHORA para representar este Pais , y vuelvo a repetir , AHORA , podra estar mas o menos acertado pero el pensamiento es libre y la libertad, al igual existe.

Pensamiento republicano tenemos me imgino una cierta cantidad de ciudadanos , o sea 4 gatos creo que no , pero aunque asi fuera, seria un pensamiento , tan legal como otro cualaquiera , no entro a valorar sibueno o mal , pensamiento al fin y al cabo , la sensatez esta dentro de cada uno , y es insensato aquel que para los demas hace algo diferente o estrambotico, por ejemplo , los que tienen mucho dinero o poder hacen cosas que nos dejan de piedra , lo que ha hecho el Presidente de la Federacion Internacional de Automovilismo , lo de la orgia , es una insensatez, una locura, eso lo hace un pobre y decimos que esta como una regadera , lo ha hecho una persona con dinero y poder y es una excentricidad, luego los que pensamos de manera Republicana , somo escentricos o nos falta un ervor ?.

No mire Vd. caballero los 2que pensamos republicanamente hablando solo somos diferentes a los que no en nuestro pensamiento , pero somos igual de personas , con sus aciertos o virtudes , agual que los demas.
+17 dar voz quitar voz eliminar
2008-04-03 02:11:48
juancarlista
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yo voy !!
-5 dar voz quitar voz eliminar
2008-04-03 13:45:43
II Republica española;comunista-estalinista-marxista-leninista
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2008-04-03 15:37:15
anonimo
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La verdad no morirá nunca...
+2 dar voz quitar voz eliminar
2008-04-03 15:40:49
anonimo
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La republica se llevo el oro de españa, repasa tu la historia, y si que mataron a una persona por tener unas ideas que no les convenia, te parece digno? LO MEJOR ENTONCES ES UNA REPUBLICA, COMO EN EE.UU.!!! VIVA LA REPUBLICA!! VIVA BUSH!!
-15 dar voz quitar voz eliminar
2008-04-03 21:46:49
anonimo
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sinceramente soy de izquierdas, nací de izquierdas y moriré de izquierdas, pero hay que reconocer que si no fuese por el rey, hoy posiblemente estaríamos en otra dictadura

(lo digo por la actuación del rey en el golpe de estado de Francisco Tejero)

NO ME ELIMINEIS PLIZ
+10 dar voz quitar voz eliminar
2008-04-04 07:54:58
anonimo
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Pues lo que yo he dicho.
Necesitamos un verdadero sozialismo, que se reconozca de una puta vez el derecho a decidir de los pueblos, y la III república.
Hace falta.
+3 dar voz quitar voz eliminar
2008-04-04 08:06:18
no queremos na
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Mensaje eliminado por los lectores
2008-04-04 08:19:18
anonimo
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Mensaje eliminado por los lectores
2008-04-04 08:55:38
anonimo
www.plazacastelar.com
¿ que no teneis otra cosa que hacer ?

Vaya rollo soltais.

Un poco mas de alegría !
+10 dar voz quitar voz eliminar
2008-04-04 11:40:21
anonimo
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"si no cumples las normas, no pertenezcas a esta sociedad". ¿Y quien hace las normas, inútil?
¿La sociedad?

y tú, nena golf, hacker, lo que seas... ¿Argumentos baratos de nuevo? ¿NO existe sociedad, solo individuos, como decía Margaret Thatcher?

+17 dar voz quitar voz eliminar
2008-04-04 12:00:11
Steve_Harris
(Karma: 9)
El usuario están-line
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Otra vez... GASTARON, GASTARON TODO EL ORO DE ESPAÑA, en comprar armas. NO SE LO LLEVARON. Al final de la guerra NO QUEDABA NADA ya que la URSS les vendía chatarra a precio de oro apoyándose en ese bloqueo comercial a la república que en la práctica no sufría el bando nacional.

¿Mataron a una persona por sus ideas? ¡Mataron a muchas, en ambos bandos, no solo a una! A mi bisabuelo por ejemplo, por ir a Misa los domingos. ¿Y eso está bien?
Claramente no. Pero nadie estaba aquí hablando de matar gente ni quemar iglesias, ni llevarse el oro. Como te dije antes, estudia la historia, en qeu situaciones económicas y sociales ha surgido siempre el fascismo y las similitudes con la España de la época. Entérate de cuanta tierra tiene la Duquesa de Alba.
Como nos gusta el país de la piruleta y el cuento chino de la "guerra entre hermanos".
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