Toyota se encuentra en el centro de una controversia tras su intento de adquirir Toyota Industries (TICO) y llevarlo a la esfera privada. Aunque inicialmente esta oferta no pareció destacarse, ha desatado un conflicto entre inversores activistas que exigen un mejor precio y una cultura corporativa japonesa que prioriza la armonía entre las partes interesadas sobre los beneficios para los accionistas.
Aumento de la oferta y resistencia de los inversores
Recientemente, Toyota incrementó su oferta en un 15%, alcanzando aproximadamente 27.8 mil millones de dólares. Sin embargo, esto no ha logrado apaciguar la resistencia. Elliott Investment Management, que posee el 6.7% de TICO, sostiene que la nueva oferta de 18,800 yenes por acción subestima el valor de la compañía en casi un 40%, y potencialmente más si se considera como entidad independiente.
Un enfrentamiento entre dos visiones
El fondo activista de EE.UU., conocido por exigir pagos significativos en negociaciones previas, se enfrenta al gigante automotriz y su presidente, Akio Toyoda. Toyoda, nieto del fundador de Toyota, está aumentando su participación en TICO de 0.05% a 0.5% mediante una inversión de aproximadamente 6.5 millones de dólares, lo que subraya su interés personal en el desenlace de esta transacción.
La presión ejercida por Elliott ha puesto en entredicho los planes de Toyota para reestructurar su filial clave. El fondo ha instado a los inversores a rechazar la oferta actual, argumentando que TICO tendría un valor mayor como empresa independiente, lo que podría obligar a Toyota a elevar significativamente su oferta o incluso a abortar el acuerdo.
Transparencia y quejas de los accionistas
Según informes, la situación se ha vuelto un caso de estudio sobre la dinámica de las fusiones y adquisiciones en Japón, poniendo a prueba el principio de « sanpo yoshi », que aboga por los beneficios para todos los interesados y la sociedad. Stephen Codrington, CEO de Codrington Japan, señaló que Toyota ha decepcionado a los inversores al no priorizar a los accionistas en sus decisiones.
Desde Toyota, han defendido su postura, afirmando que valoran a los accionistas y consideran su apoyo fundamental para el crecimiento. Masahiro Yamamoto, director de riesgos de Toyota, declaró que las negociaciones no deben verse como confrontativas, mientras que un representante de Toyota Fudosan, la unidad de bienes raíces a cargo de la adquisición, aseguró que la oferta refleja el valor intrínseco de TICO.
Reacciones de los inversores y el mercado
Tras el anuncio de la oferta, las acciones de TICO se estabilizaron cerca del precio propuesto, lo que indicaba confianza en el éxito de la operación. Sin embargo, los inversores extranjeros expresaron su preocupación por la falta de transparencia en la divulgación financiera, lo que llevó a quejas ante la Bolsa de Tokio sobre la gobernanza del acuerdo.
En septiembre, las acciones de TICO comenzaron a apreciarse, impulsadas por la expectativa de que Toyota podría aumentar su oferta. A pesar de esto, los ejecutivos de Toyota no mostraron señales de querer ceder ante las demandas de los accionistas. Kenta Kon, director de Toyota Fudosan, advirtió que subir el precio podría sentar un peligroso precedente, señalando que premiar a quienes protestan sería injusto para otros accionistas.
Reforma de la gobernanza y el futuro de TICO
Otro objetivo del acuerdo es deshacer la participación de TICO en otras compañías de Toyota y alinear mejor al grupo con los cambios de gobernanza en la Bolsa de Tokio destinados a mejorar el valor para los accionistas. No obstante, la reacción adversa ha eclipsado quejas anteriores sobre la gobernanza en Toyota.
La Asociación Asiática de Gobernanza Corporativa había manifestado preocupaciones sobre la opacidad del proceso de compra en una carta dirigida a TICO y Toyota, firmada por varios inversores. También argumentaron que las empresas del grupo no deberían ser clasificadas como accionistas minoritarios, ya que esto reduce el umbral de votación necesario para concretar el acuerdo.
Desde Toyota, se enfatiza que las empresas del grupo actúan de manera independiente y toman sus propias decisiones. Este episodio ha subrayado una creciente tensión en el equilibrio entre la presión por resultados a corto plazo y la necesidad de inversiones sostenibles a largo plazo en el sector manufacturero japonés.
Conclusión y reflexión
El enfrentamiento entre Toyota y Elliott no solo refleja intereses divergentes, sino que también plantea preguntas sobre el futuro de la gobernanza corporativa en Japón. ¿Podrán las empresas japonesas mantener su enfoque centrado en las partes interesadas frente a la creciente presión de los inversores activistas? Esta situación continúa evolucionando y capturando la atención del mundo financiero.



