El 23 de octubre de 2026, el diario El País publicó un análisis en el que aplicó Pangram, el mismo detector utilizado para destapar el caso de la novela aspirante al Premio Goncourt en septiembre, a Donde el agua trabaja, del escritor peruano David Silva Rojas. El resultado: un 99 % de contenido generado por inteligencia artificial. La obra había ganado la primera edición del Premio de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufat, cuyas bases exigían autoría 100 % humana.
Un jurado de prestigio que avaló la obra
Lo que hace singular este caso no es solo la cifra del detector, sino quiénes otorgaron el galardón. El jurado de esa primera edición estuvo compuesto por tres escritoras de reconocida trayectoria: la mexicana Cristina Rivera Garza, la argentina Selva Almada y la ecuatoriana Mónica Ojeda. Su veredicto favorable a Donde el agua trabaja obliga a plantear una pregunta que durante años se consideró retórica: ¿puede la inteligencia artificial generar literatura con valor estético real, suficiente para convencer a lectores expertos?
La respuesta de los especialistas en creatividad con IA es, cuanto menos, matizada. Y apunta en una dirección que incomoda a quienes esperaban una respuesta sencilla.
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El prompting como habilidad literaria
Víctor Balcells, novelista y especialista en posicionamiento digital y creatividad con IA, lo explica con una metáfora concreta: "Es como el cincelado de un escultor. El que tiene el ingenio y la habilidad suficientes sabe, golpe a golpe, dar forma a la masa amorfa que tiene frente a él en un principio. Cada prompt es eso, un nuevo golpe con el que alcanzar el resultado final." Para Balcells, si la novela es buena y grandes críticos la reconocen, el autor demuestra una habilidad real para dirigir la herramienta: "Tú puedes pedirle a Claude: 'hazme una novela buena', pero jamás te dará nada de calidad. Si lo que la IA genera es bueno, es porque detrás hay alguien que la está dirigiendo adecuadamente."
"Las inteligencias artificiales no tienen ningún tipo de habilidad para la imaginación recombinatoria, a menos que tú le digas exactamente por dónde tiene que ir." Víctor Balcells, novelista y especialista en creatividad con IA
El ensayista José Francisco Ruiz Casanova, autor de Ignorancia Artificial. Traducción, lectura y escritura en tiempos de la IA, comparte ese diagnóstico: "El debate no es tanto el si se puede generar como el trabajo que lleva generar algo que tenga calidad literaria, porque generar se puede generar, pero detrás tiene que haber un autor con unos conocimientos literarios profundos para poder darle a la IA los prompts adecuados." En su visión, Silva Rojas habría actuado como demiurgo, proporcionando a la máquina tono, estilo y caracterización de personajes: "La inteligencia artificial es una caja en donde ahí está todo, está Dostoyevski, está Cervantes... Pero tú tienes que saber qué quieres pedirle."
El verdadero problema: las bases del concurso
Para Ruiz Casanova, el nudo central del conflicto no es creativo sino contractual. Las bases del Premio Almadía Ventosa-Arrufat establecían que la autoría debía ser íntegramente humana. Silva Rojas habría incumplido esa condición, pero la responsabilidad recae también sobre la organización: "No pueden esperar que todos los que se presenten obedezcan de buena fe", señala el ensayista, apuntando a la necesidad de que los convocantes incorporen mecanismos de verificación antes de fallar el galardón.
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El caso recuerda lo ocurrido semanas antes en Francia, donde Pangram detectó uso masivo de IA en una novela que figuraba entre los principales candidatos al Goncourt, el premio literario más célebre del ámbito francófono. La herramienta, desarrollada para identificar patrones estadísticos propios de los modelos de lenguaje, se está convirtiendo en el instrumento de referencia para los medios que investigan estos casos.
Un debate que lleva meses fraguándose
La irrupción de la IA en la creación literaria no es una novedad de octubre de 2026. Desde hace meses se viene señalando la proliferación en Amazon de obras autopublicadas generadas mediante modelos de lenguaje, la mayoría de escaso nivel creativo. El argumento habitual era que estos productos podían convivir con la literatura tradicional como ya lo hacían otros formatos de entretenimiento de bajo valor añadido.
Lo que cambia con el caso Silva Rojas es la variable de la calidad. Si hasta ahora la IA producía textos que los lectores expertos descartaban con facilidad, un jurado de tres escritoras de primer nivel ha avalado una obra que los detectores señalan como generada casi íntegramente por la máquina. Eso desplaza el debate: ya no se trata de si la IA puede imitar la escritura, sino de si la habilidad para dirigirla constituye en sí misma autoría literaria.
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Ruiz Casanova ya anticipaba en una entrevista anterior que la proliferación de textos generados por IA podría "crear todavía más una discriminación sociocultural entre categorías de lectores", extendiendo la vieja frontera entre literatura y paraliteratura. El caso del Premio Almadía demuestra que esa frontera es ahora más borrosa que nunca. Según los expertos consultados, solo las versiones de pago de los grandes modelos, como Gemini Pro, tienen capacidad para generar texto con suficiente densidad estilística. El resultado final, en cualquier caso, depende de quién esté a los mandos. Para profundizar en cómo la IA redefine la autoría creativa, el reportaje 'AutorIA': la exposición que conecta los copistas medievales con la IA ofrece un ángulo histórico relevante.
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