Los alimentos en España llevan tres meses sin encarecer de forma apreciable pese al bloqueo del Estrecho de Ormuz y la subida del precio de los fertilizantes. Según el INE, el IPC de alimentos y bebidas no alcohólicas se situó en mayo en el 2,2%, cuatro décimas menos que en abril, y la variación mensual ha sido nula (0,0%) ese mismo mes. La calma, sin embargo, tiene fecha de caducidad: fuentes del sector de la distribución alimentaria advierten de que el impacto llegará a los supermercados a partir del otoño de 2025.
Por qué los precios aún no han subido en el supermercado
La explicación tiene que ver con los ciclos agrícolas del hemisferio norte. Los productores españoles y europeos llevan los últimos meses cosechando lo que sembraron antes del inicio del conflicto, por lo que no han tenido que adquirir fertilizantes a los precios disparados por el bloqueo. Esa compra llegará en septiembre, cuando arranque la nueva campaña de siembra.
El detonante fue el cierre del Estrecho de Ormuz tras el inicio del conflicto entre Estados Unidos e Irán a finales de febrero. Aproximadamente el 30% de las exportaciones globales de fertilizantes transitan cada día por ese corredor marítimo, según fuentes del sector de la distribución alimentaria consultadas por El Mundo. El encarecimiento del gas, materia prima clave en la fabricación de nitrogenados, amplificó la presión sobre los precios.
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La elevada competencia entre cadenas de distribución también ha actuado como amortiguador. Felipe Medina, secretario general técnico de Asedas (patronal de la distribución), lo resumía así: "No hay evidencia de que se haya encarecido ningún producto alimentario debido a la crisis en Oriente Medio. Este dato demuestra, una vez más, la responsabilidad de la cadena en la absorción de los sobrecostes, entre otros, los que afectan al combustible".
Los datos mensuales del INE confirman esa contención: los alimentos subieron un 0,6% en enero y otro 0,6% en febrero, pero en marzo bajaron un 0,2%, en abril repuntaron dos décimas y en mayo se mantuvieron sin cambios.
El mecanismo de traslado: de los fertilizantes al precio final
La cadena de valor de los alimentos no es lineal ni inmediata. El coste del fertilizante se traslada primero al precio en origen, luego al matadero o la industria alimentaria, después a la logística y finalmente al lineal del supermercado. Los frescos tardan semanas en contagiarse; los elaborados, varios meses.
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El caso del pollo ilustra bien esa cadena. Según datos de Asedas correspondientes a 2024, el pollo ya engordado salía de la granja a 0,92 euros por kilo; llegaba al matadero y salía de él a 2,00 euros por kilo (incluyendo transporte, sacrificio, despiece y envasado); la logística lo entregaba a las cadenas a 2,06 euros por kilo; y el consumidor lo pagaba en caja a 2,90 euros por kilo, después de sumar personal de carnicería, refrigeración y mermas. Si el coste del pienso sube, cada eslabón de esa cadena absorbe o traslada la diferencia.
El pollo, además, engorda en apenas 40 días, lo que hace que el impacto de un pienso más caro sea relativamente rápido. Una vaca, en cambio, puede tardar entre uno y dos años en alcanzar el peso de sacrificio, por lo que el efecto sobre el precio de la carne de vacuno se dilata en el tiempo.
| Producto | Plazo estimado de traslado al consumidor | Factor determinante |
|---|---|---|
| Pollo | 2-4 meses | Ciclo de cría de 40 días |
| Cerdo | 6-12 meses | Ciclo de cría de 5-6 meses |
| Vacuno | 12-24 meses | Ciclo de cría de 1-2 años |
| Pan y cereales | 3-6 meses | Existencias de cereal almacenado |
| Alimentos elaborados | 4-8 meses | Rotación de contratos con proveedores |
El riesgo de menor producción y la dependencia exterior
El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación ha expresado su preocupación por un riesgo adicional: que los agricultores, ante el encarecimiento de los fertilizantes, opten por reducir su uso para contener costes. Esa decisión reduciría los rendimientos por hectárea y, con ello, la oferta disponible, lo que presionaría aún más los precios al alza. La vulnerabilidad es mayor de lo que parece: España importa aproximadamente la mitad del cereal que consume, según el propio Ministerio.
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A eso se suma el efecto indirecto de la soja producida en el hemisferio sur, cuya siembra se está realizando ahora a costes más elevados. Esa soja llegará a Europa en los próximos meses y se utilizará como pienso para el ganado, encareciendo su crianza y, por tanto, el precio final de la carne. Este fenómeno ya se observó entre 2021 y 2022, cuando la dependencia energética y de materias primas de Europa quedó en evidencia tras la invasión rusa de Ucrania.
Los datos históricos respaldan la asimetría entre el encarecimiento en origen y el que llega al consumidor. Desde 2021, los precios de los alimentos en origen han subido un 45%, mientras que el IPC de alimentos y bebidas no alcohólicas acumuló un incremento del 35,9% en el mismo periodo, según el INE. Es decir, las cadenas de distribución han absorbido una parte del alza contra sus márgenes, aunque ese colchón no es ilimitado.
El mercado de futuros de materias primas agrícolas ya anticipa tensiones. La evolución del precio del petróleo, vinculada también al conflicto con Irán, añade presión sobre los costes de transporte y logística que soporta toda la cadena alimentaria.
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Qué puede esperar el consumidor español a partir de otoño
El escenario más probable, según las fuentes del sector consultadas por El Mundo, es que los precios en los supermercados comiencen a repuntar entre septiembre y diciembre de 2025, una vez que los agricultores europeos hayan comprado sus fertilizantes para la nueva campaña y ese sobrecoste empiece a trasladarse a los precios en origen. La velocidad y la intensidad del traslado dependerán de cómo evolucionen las negociaciones de paz y si el Estrecho de Ormuz vuelve a quedar abierto al tráfico normal.
El producto más expuesto a corto plazo es la carne de pollo, dada la brevedad de su ciclo de cría. Los lácteos y los cereales seguirán en función de los contratos de suministro firmados por la industria. El consumidor que quiera anticiparse puede vigilar la evolución del IPC mensual de alimentos que publica el INE cada mes: cuando la variación mensual encadene dos o tres meses positivos, la ola habrá comenzado a llegar. En mayo de 2025, ese indicador aún marca cero.
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