La Comisión Europea colocó a finales de mayo de 2025 sobre la mesa su principal preocupación comercial: cómo proteger a la industria del continente ante el aumento de las importaciones chinas en el sector renovable. Bruselas calificó de situación "insostenible" la dependencia de proveedores de Pekín y anunció días después que restringirá los fondos europeos a proyectos renovables que utilicen equipos fabricados en China, una medida que apunta directamente al gigante asiático por el riesgo que supone exponer las infraestructuras críticas europeas a un socio cada vez más poderoso.
El contexto geopolítico ha acelerado la urgencia. El cierre del estrecho de Ormuz, por donde transitan cerca de 20 millones de barriles diarios, ha situado el precio del petróleo por encima de los 80 dólares en el último trimestre. La situación recuerda a los fantasmas de la crisis energética desatada tras la invasión rusa de Ucrania y da argumentos a Bruselas para actuar antes de que llegue otro choque de oferta. Puede ampliar el contexto sobre el mercado del petróleo en el análisis sobre el Brent a 80 dólares publicado en Torretriangular.
Una dependencia que no se ha resuelto, solo se ha desplazado
Europa importa todavía el 57% de la energía que consume, según los datos manejados por la Comisión Europea. Aunque los Veintisiete han reducido su exposición al gas ruso tras 2022, en muchos casos el hueco no lo ha llenado producción autóctona sino gas licuado procedente de Estados Unidos. El resultado es que los combustibles fósiles siguen representando aproximadamente el 68% del mix energético europeo, lo que mantiene la competitividad continental atada a la volatilidad de los mercados internacionales.
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Ursula Von der Leyen lo resumió ante la prensa en Ereván (Armenia): "Dependemos en exceso de los combustibles fósiles importados, lo que nos deja a merced de la volatilidad de los mercados mundiales". La presidenta de la Comisión Europea añadió que las energías renovables y la nuclear son la respuesta porque "son de origen local, más baratas y fiables". El problema es que la ruta renovable conduce, hoy por hoy, a Pekín.
Cómo China construyó su hegemonía verde
China articuló su estrategia de descarbonización no solo como respuesta a su urgencia medioambiental, sino también con el objetivo de impulsar su dominio comercial e industrial. Apoyada en masivos subsidios estatales y en su política de doble carbono, Pekín abrió su mercado a las empresas extranjeras pero condicionó la entrada a la creación de joint ventures y a la transferencia de tecnología a socios locales. Ese modelo de trueque, un gran mercado a cambio de conocimiento técnico, permitió a la industria china absorber años de investigación y desarrollo ajenos.
El resultado es contundente: China acapara hoy el 36% de toda la capacidad de generación renovable instalada en el mundo, sumando más megavatios de energía solar que Estados Unidos, la Unión Europea y el resto de Asia-Pacífico juntos, según el informe China green tech and its industrial policy elaborado por la economista española Alicia García-Herrero para la Universidad de las Naciones Unidas. El mismo documento cifra el control chino en el 85% de la fabricación mundial de paneles solares y el 68% de las turbinas eólicas.
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| Tecnología renovable | Cuota de fabricación china |
|---|---|
| Paneles solares | 85% |
| Turbinas eólicas | 68% |
| Capacidad renovable instalada mundial | 36% |
Y la brecha va a ampliarse. China está añadiendo nueva capacidad solar a un ritmo de 277 gigavatios (GW) anuales, más de 2,5 veces los 138 GW que el propio país necesitaría para cumplir con el Acuerdo de París. La sobreinversión doméstica ha convertido el aparato manufacturero chino en lo que García-Herrero califica de "una fuerza abrumadora en el escenario mundial", de modo que, concluye el informe, "la dependencia global de la producción china para la transición energética deja de ser una elección para convertirse en una realidad económica".
El sector renovable europeo pide protección y apuesta por las moléculas verdes
Frente a este escenario, las empresas europeas reclaman a Bruselas un marco de protección que permita rearmar la industria renovable doméstica. José Donoso, director general de la Unión Española Fotovoltaica (UNEF), ilustra el cambio de paradigma con un ejemplo histórico: cuando Winston Churchill decidió sustituir el carbón de la armada británica por petróleo, el control de unos recursos geográficamente limitados se convirtió en una prioridad estratégica. Ahora, dice Donoso, el poder ya no reside solo en dominar yacimientos fósiles lejanos sino en la capacidad de fabricar la tecnología que los sustituye.
Junto a la demanda de protección arancelaria, el sector apunta al mercado de las moléculas renovables (hidrógeno verde, amoníaco verde, combustibles sintéticos) como una vía donde Europa podría construir una ventaja competitiva sin depender de las cadenas de suministro chinas. España, con su potencial solar y eólico, es uno de los territorios con mejor posición de partida para producir hidrógeno verde a coste competitivo, un debate que conecta directamente con el futuro de instalaciones como Almaraz, cuyo futuro resolverá el CSN el 1 de julio.
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La restricción de fondos europeos a proyectos con equipos chinos es el primer paso de Bruselas, pero el sector advierte de que sin una política industrial que abarate los costes de fabricación en Europa, la medida puede simplemente encarecer la transición sin crear capacidad local. El debate de fondo es si la soberanía energética tiene un precio que los consumidores y las industrias europeas están en condiciones de asumir, en un contexto donde los riesgos macroeconómicos para España en 2026 siguen siendo elevados.
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